Si nos situamos cerca de un río en una mañana de otoño, veremos como del agua surge la niebla como si fuera humo, difuminando la atmósfera y creando un ambiente mágico. Un detalle del rió con esta neblina y los árboles o unas casas medio cubiertas por la niebla y reflejados sobre el río puede servir de motivo para realizar una buena foto.
Una figura animal o humana, la silueta difuminada de un campesino trabajando en el campo entre árboles bañados por la niebla de la mañana crea un ambiente dorado producido por la dispersión de la luz solar sobre las gotas de niebla.
En la ciudad es menos habitual disponer de este fenómeno atmosférico. No obstante hay ciertas zonas geográficas donde esta se produce habitualmente al llegar el otoño. La niebla ciudadana puede aprovecharse para ofrecer una visión impresionista de la realidad. Por ejemplo, utilizando un teleobjetivo, podemos enfocar un edificio lejano que quedará difuminado por efecto de la niebla. Un detalle de una farola, enmarcada por la niebla frente a un fondo negro. La visión tenebrosa de una calle semioscura con una pequeña luz que resalta la niebla, etc.
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