Las grasas, a diferencia de los carbohidratos y de las proteínas, tienen un contenido calórico mayor. Mientras estos dos últimos macronutrientes nos aportan cuatro kilocalorías por gramo consumido, los lípidos nos aportan nueve kilocalorías por cada gramo, es decir, más del doble.
Se utilizan como fuente energética de segunda prioridad, es decir, cuando existe una importante disminución del contenido de la fuente energética principal, que son los depósitos de glucosa.
Normalmente, esta situación es causa de un ayuno perlongado o por inanición.
- Activación del metabolismo de las grasas:
Cuando suceden estas circunstancias, donde las reservas de glucosa van disminuyendo conjuntamente con los niveles de insulina, se produce un aumento del glucagón.
El glucagón es la hormona que alerta de la disminución de las reservas de glucosa y provoca que nuestro cuerpo active el sistema del metabolismo de las grasas, entre otros.
El metabolismo de las grasas, actúa degradando los lípidos almacenados en el tejido adiposo de nuestro cuerpo, conjuntamente con las reservas de glucógeno, con la finalidad de obtener energía.
- Ventajas:
Si se requiere realizar un aporte extra de energía, como en el caso de la adolescencia, etapa de mayor crecimiento y desarrollo, donde las necesidades nutricionales y las ingestas aumentan considerablemente, se puede aumentar el aporte de grasa de la alimentación habitual, con dicha finalidad, pero siempre, manteniendo un equilibrio con los demás macronutrientes.
La ventaja que supone, reside en su alto contenido energético, es decir, aumentar las calorías sin tener que aumentar excesivamente el volumen ingerido. Siempre teniendo en cuenta que la calidad de la grasa adicional ingerida sea la adecuada.
Formación de estructuras celulares y sus funciones
Las grasas son un componente fundamental en la formación de las estructuras celulares, los tejidos y órganos de nuestro cuerpo. Ya que estas estructuras están compuestas, en parte, por lípidos, y por tanto, requieren de ellos para su regeneración, mantenimiento y función.
Los lípidos que componen estas estructuras y membranas, son el colesterol, el 80% del cual es de generación endógena, y fosfolípidos, además de proteínas.
- Según la clase de grasa:
Por este motivo, tiene especial relevancia el tipo de grasa consumida en nuestra alimentación, es decir, dependiendo del tipo de grasa ingerida, todas estas estructuras celulares, membranosas, tejidos, etc. se formarán y ejercerán sus funciones, con las características que compongan dichas grasas.
Por lo tanto, un organismo que esté constituido con grasas de alta calidad, con efectos beneficiosos, no estará constituido de igual modo, ni actuará o reaccionará igual, que un cuerpo constituido a base de una alimentación con grasas de baja calidad, porque las características de unas a otras grasas, son distintas, e influirán en nuestro organismo y sus funciones.
- Efectos:
Este efecto, se produce en todas las etapas de la vida, incluida la de regeneración y mantenimiento de la edad adulta, pero donde es más claramente perceptible, es en las etapas de mayor desarrollo, como en el estado fetal de un bebé. En esta etapa, la madre que lo gesta, debe aportar una alimentación adecuada, que cubra las necesidades del bebé, ya que éste se alimenta de ella.
Pero además, sino aporta la calidad de la grasa demandada, las estructuras de su organismo se pueden desarrollar con carencias generando posibles disfunciones.
Si la madre no aporta en su alimentación el contenido necesario de un ácido graso esencial como el DHA, de la serie de los omega 3, puede generar entre muchas otras, por ejemplo, alteraciones irreversibles en el sistema nervioso del bebé, como puede ser un déficit de atención que normalmente cursa también con hiperactividad u otros trastornos aún más graves.
- Carencias:
Otra situación que tiene especial relevancia, a nivel de una ingesta pobre en ácidos grasos esenciales, reside en la importancia de la síntesis de eicosanoides y sus productos resultantes como las prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos, entre otros.
Estos provienen de diversas reacciones enzimáticas que se inician con dichos ácidos grasos esenciales, omega 3 y omega 6, que dan como producto otros ácidos grasos de cadenas más largas que producen estas sustancias.
Sino se produce una ingesta suficiente de la materia prima, es decir, tanto de omega 3 como de omega 6, no podrán fabricar los productos finales de dichas reacciones y no podrán ejercer sus funciones, tales como por ejemplo, la regulación de algunas funciones del sistema nervioso central, la respuesta inflamatoria, la coagulación, la constricción y la dilatación de los vasos sanguíneos o incluso la interferir positivamente en la inmunidad de nuestro organismo.
Más información sobre los ácidos grasos esenciales.
Medio de absorción de vitaminas liposolubles
Las vitaminas se pueden separar en dos grupos, en función de su solubilidad.
Si son solubles en un medio acuoso se denominan hidrosolubles, pero si por el contrario se disuelven en un medio graso, se denominan liposolubles.
El grupo de las vitaminas hidrosolubles, lo forman las vitaminas del grupo B y la vitamina C. El grupo de las vitaminas liposolubles, lo forman la vitamina A, la vitamina D, la vitamina E y la vitamina K.
Estas vitaminas, además de disolverse en un medio graso, lo requieren para ser correctamente absorbidas en nuestro sistema intestinal. Con lo cual, sino aportamos un mínimo aporte graso en cada comida de nuestra alimentación, no se absorberán y no ejercerán ni sus funciones, ni sus beneficios antioxidantes, e incluso pueden generar problemas de salud provocados por un déficit de absorción.
Este hecho ocurrirá de igual modo, aunque la ingesta de vitaminas sea la adecuada y no presente un consumo deficitario, ya que no dispondremos del medio lipídico para poder absorberlas.
La ingesta de grasa que realizamos a través de nuestra alimentación interfiere en el control de la calidad y de la cantidad de los lípidos a nivel sanguíneo de nuestro cuerpo.
Aunque el 80% del colesterol sea de origen endógeno, el 20% restante es colesterol exógeno y proviene de los alimentos que consumimos. Por tanto, puede ayudar a regular dichos niveles y su calidad.
Si nuestra alimentación tiene un contenido alto en alimentos ricos en colesterol, favoreceremos que los niveles de éste en sangre también aumenten.
Si por el contrario, nuestra alimentación contiene alimentos con baja concentración de colesterol, pero ricos en grasas mono y poliinsaturadas, disminuirá el colesterol LDL y se mantendrá o aumentara el colesterol HDL.
De esta manera, podemos regular a través de nuestra alimentación, los niveles de colesterol, y poder así minimizar o prevenir los riesgos en la salud, que supone su aumento.
Aumenta la palatabilidad de los alimentos
Los alimentos con un alto contenido graso, en especial los aceites, por su textura untuosa, confiere a los alimentos una textura más agradable.
Además, por sus propiedades organolépticas de algunos tipos de aceites, como es el caso, por ejemplo, del aceite de oliva virgen extra, realzan los aromas y sabores de las comidas. Lo cual propicia que la ingestión de dichos alimentos se realice tanto en mayor medida, como de manera más placentera.
Por tanto, en situaciones donde la ingesta alimenticia sea inferior a la deseada, ya sea por ejemplo en casos de inapetencia producida por múltiples motivos, se puede añadir en los alimentos un aporte extra de aceite de oliva virgen, preferentemente, para aumentar la cantidad de consumo, cubriendo así más fácilmente, las posibles carencias energéticas que supone una dieta insuficiente y previniendo la aparición de una más que posible desnutrición.
Más información sobre las grasas en el listado superior.
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