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En
macrofotografía resulta imprescindible el usos
del trípode. Dado que pretendemos conseguir
la máxima profundidad de campo ( Es decir que
la foto de una planta o flor esté enfocada lo
máximo posible) tendremos que utilizar aberturas
muy pequeñas o, lo que es lo mismo, números
de diafragma f muy grandes, procurando no bajar de f
16 , siempre que sea posible , aunque es mejor un f
22. ( Un diafragma muy abierto puede ser interesante
algunas veces cuando pretendemos separar una planta
entera del fondo, donde hay otras especies. Así,
desenfocando el fondo, conseguiremos que resalte el
primer plano. De no hacerlo la foto puede resultar confusa
Cuando se trata de detalles más próximos,
no nos interesa esta técnica sino la que hemos
descrito arriba, que consiste en cerrar mucho el diafragma).
Así pues, si en general utilizamos diafragmas
muy cerrados para conseguir que la imagen se vea enfocado
la máxima distancia posible delante y detrás
del punto de enfoque, ello nos obliga a utilizar una
velocidad de disparo muy pequeña, por lo que,
si no disponemos de un buen trípode, estable
y firme, la imagen no aparecerá en toda su nitidez.
El
trípode se hace imprescindible. Debería
escoger uno especialmente diseñado para la fotografía
de aproximación, que no solamente permita doblarse
al máximo del suelo ( Muchas plantas pequeñas
deben fotografiarse a su misma altura y un trípode
convencional no permite bajar tanto a ras de suelo)
Estos trípodes especiales permiten sacar la columna
central e invertirla, de manera que la cámara
queda al revés, por lo que podremos situarla
a la misma altura del objeto, que habitualmente suele
estar muy cerca del suelo. Hay casas especializadas,
como la Manfroto, que disponen de trípodes de
estas características. No olvide usted añadir
al trípode un cable disparador, pues, aun con
el uso del trípode, muchas fotografías
no quedan nítidas por la simple vibración
que ejercemos al apretar el disparador con el dedo.
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