La
regulación de la temperatura corporal: la termorregulación
Los
mamíferos son capaces de mantener constante su temperatura corporal mediante
el uso de unos mecanismos propios, es decir, los mecanismos termorreguladores
y gracias a la adquisición de una serie de adaptaciones a la temperatura.
El conjunto de mecanismos que regulan la temperatura interna de los mamíferos
pertenecen a la termorregulación. La termorregulación, por lo tanto,
es el sistema de control de la temperatura de nuestro cuerpo.
Quién se encarga de controlar al sistema de control
de la temperatura del cuerpo: Exactamente,
es el centro de la termorregulación, es decir, una estructura que tenemos
en una parte del cerebro, llamada encéfalo, quien controla la temperatura
del cuerpo de los mamíferos. Dicha estructura, recoge la información
que le proporcionan los distintos tipos de receptores térmicos cutáneos.
La información le llega al centro termorregulador gracias a los nervios
y la medula espinal. El centro termorregulador, podríamos decir que
es una especie de termostato que tiene el cuerpo. Cuando el centro termorregulador,
percibe una bajada o subida de la temperatura corporal normal de la especie pone
en funcionamiento los distintos mecanismos de que disponemos los mamíferos
para evitar esta variación de la temperatura, ya sea activar los mecanismos
para perder calor o para conservarlo.
Los mecanismos de termorregulación:
Las estrategias que
se encargan de regular la temperatura se basan en: - Los mecanismos pasivos
de regulación (radiación, convección y conducción).
- Cambios en el diámetro de los vasos sanguíneos y estructuras
especializadas. - La sudoración. - Contracción de
los músculos corporales.
Regulando
la temperatura sin coste alguno: Los mecanismos pasivos de termorregulación
Los mamíferos regulan la temperatura de su cuerpo aprovechando
los mecanismos que existen de transporte del calor. Estos son la radiación,
la convección y la conducción. A excepción del primero, son
fenómenos de transporte de calor específicos. - La radiación
es la emisión de calor que desprende cualquier cuerpo caliente por si solo.
El mamífero pierde calor de su cuerpo y lo emite hacia el exterior mediante
la radiación.
- La convección es la transmisión
de calor entre un cuerpo (sólido) más caliente y un cuerpo fluido.
En nuestro caso, el cuerpo fluido que recoge el calor del mamífero, puede
ser un liquido, es decir, el agua del mar si es un mamífero marino o el
agua de un río o laguna si hablamos de otro mamífero. También
puede absorber el calor del animal un cuerpo gaseoso, que no es más que
el aire que rodea a un mamífero terrestre, arborícola o volador.
Por lo tanto, el aire, como el agua, son los responsables de la pérdida
de calor de los mamíferos.
- La conducción es la transmisión
de calor entre dos cuerpos cuando entran en contacto. Los dos cuerpos deben estar
a distinta temperatura para que se produzca un fenómeno de conducción.
Se produce la conducción, por ejemplo, cuando un animal se estira sobre una superficie que está muy fría.
Tanto la radiación, como la convección como la conducción
son mecanismos pasivos de termorregulación porque no suponen para el animal
una pérdida de energía. Todos ellos se producen sin que haya ningún
gasto energético, ya que son fenómenos físicos. Podríamos
decir que cuando nos valemos de los mecanismos pasivos de termorregulación,
es decir, de la radiación, de la convección o de la radiación,
trabaja el entorno por nosotros. Los mamíferos usan los mecanismos
pasivos de termorregulación en muchas ocasiones. Por ejemplo, para entender
fácilmente como los mamíferos se sirven de los mecanismos de regulación
de la temperatura corporal nos podemos fijar que hace nuestro perro. En verano,
sobre todo si el día es muy caluroso, descansa con las patas bien estiradas
para mostrar una mayor superficie de contacto con el suelo. En un día muy
cálido, el perro, como cualquier mamífero recibe mucho calor del
medio ambiente, por lo que le interesa perder calor. Cuando se estira al suelo
consigue aumentar las pérdidas de calor de su cuerpo, gracias a la conducción.
Se produce la conducción entre su cuerpo acalorado por el verano y el suelo,
relativamente frío. Nosotros mismos sin darnos cuenta también usamos
los mecanismos de termorregulación pasiva. Es muy refrescante un buen baño
en la piscina o el mar cuando llega el verano y el calor aprieta. En este caso
se produce un fenómeno de convección entre nuestro cuerpo y el agua
fresca del mar. No obstante, todos estas estrategias no dejan de ser adaptaciones
basadas en cambios en el comportamiento.
Sin embargo, no siempre interesa perder el calor, especialmente si el tiempo
se vuelve frío. Por lo que los fenómenos de transporte de calor
en muchos casos son perjudiciales para el animal. Lógicamente, la estrategia
que siguen los mamíferos cuando llega el frío es la de minimizar
las pérdidas de calor de su cuerpo, reduciendo los fenómenos de
transporte de calor, como la conducción o la convección. Esto mismo
lo podemos ver con el mismo ejemplo de nuestro perro. El perro en verano, se tumba
estirándose al máximo, sin embargo, en invierno se acurruca formando
un ovillo. No le interesa para nada exponer su superficie corporal, su barriga,
al frío suelo.
Cuando la sangre entra en juego:
Pero a medida que la temperatura del medio se incrementa,
cada vez le cuesta más al entorno coger el calor de nuestro cuerpo, o lo
que es lo mismo, la transmisión del calor de nuestro cuerpo se va haciendo
cada vez más difícil a medida que la aguja del termómetro
sube. Llega un momento concreto en el que es necesario que participe un nuevo
mecanismo de termorregulación. Entra en juego la circulación sanguínea.
Aumenta el ritmo cardíaco (el corazón late más deprisa) para
proporcionar un mayor flujo de sangre a los capilares (vasos muy pequeños)
que se encuentran situados en las extremidades y alejados del centro del cuerpo.
Estos vasos, a su vez, se dilatan (vasodilatación) para facilitar que entre
más cantidad de sangre, bombeada en grandes cantidades por un corazón
muy activo, en las partes del animal más próximas al exterior del animal, como extremidades, cabeza o cola. A través de la sangre queremos
disipar el calor del animal (producido en el interior del cuerpo por su metabolismo)
hacia las partes más cercanas a la superficie de su cuerpo que se encuentran
más influenciadas por las condiciones externas, por la temperatura que
haga en el medio ambiente en el que vive el animal.
Mediante los cambios que
hemos explicado en la circulación sanguínea podrá hacerse
la transferencia de la energía térmica entre el animal y su medio
cuando haga mucho calor. El calor del animal se perderá por conducción
o convección. No obstante, cuando la temperatura exterior, es
decir, cuando se da el caso contrario en que hace frío, los mecanismos
de regulación de la temperatura corporal obviamente son distintos. Se produce
el fenómeno contrario al que sucede cuando hace mucho calor. Los vasos
de pequeño tamaño repartidos por cabeza, cola o extremidades, se
constriñen (vasoconstricción periférica) y disminuye el grosor
de los vasos sanguíneos. Con la disminución del calibre de los vasos
sanguíneos, circula menos sangre, por lo que hay un menor paso de energía
térmica transportada por la sangre por las zonas donde pasan estos vasos.
Interesa que, cuando hace frío, circule poca sangre por las zonas próximas
al exterior del cuerpo del animal, como extremidades o cola, porque corresponden
a las partes del animal que es más fácil que pierdan el calor almacenado
en su cuerpo. Pór
que los animales no se hielan como los alpinistas:
Cuando hace mucho frío, es una señal de
emergencia para que los vasos de pequeño tamaño se contraigan y
disminuya su luz (su diámetro). Si el frío es extremo se produce
un fenómeno de vasoconstricción severo y la mayoría de vasos
del animal que se encuentran en la periferia del animal se contraen. Con la vasoconstricción
(disminución del calibre de los vasos sanguíneos) la sangre no llega
a las partes exteriores del animal de forma intencionada y es distribuida a los
órganos vitales. De este modo, los órganos más importantes
para la vida del animal, como el corazón, el cerebro o el hígado
reciben mayores cantidades de sangre caliente y se evita que éstos pierdan
demasiado calor. Pero esto mismo tiene un inconveniente. Como en estos casos la
vasoconstricción es muy intensa, quedan las partes exteriores del animal
sin irrigación, y pueden llegar a producirse sabañones, en orejas
y nariz y hasta amputaciones de extremidades. Todas estas partes se hielan literalmente
al quedarse sin el aporte de sangre que les suministre el calor. Esto es lo que
les sucede, en algunas ocasiones, a los escaladores y alpinistas, que pese a estar
muy bien preparados físicamente y llevar consigo muchos materiales, les
falta un buen pelaje como el que tiene un yack.
Cómo
bajamos la temperatura de nuestro cuerpo con el sudor:
No obstante, si la temperatura del medio ambiente sube
aún más es necesario que funcione otro mecanismo, la sudoración.
Los anteriores mecanismos cuando hace un calor muy exagerado dejan de ser efectivos
porque es muy complicada la transferencia del calor corporal del animal. Para
que se produzcan los fenómenos de conducción o los de convección
debe haber una diferencia importante de temperatura entre el cuerpo del animal
y el medio, el cuerpo del mamífero debe estar más caliente que el
aire o el agua, el medio del animal. Los mamíferos no solamente
sudamos cuando hace mucho calor. Como bien sabemos cuando realizamos un ejercicio
físico intenso, como correr o saltar, nuestra temperatura interna se eleva,
sentimos mucho calor, y se activan los mecanismos de sudoración para acelerar
la pérdida de calor y sentirnos más frescos. Si solamente actuasen
los mecanismos pasivos de termorregulación, es decir, la radiación,
la conducción o la convección, la pérdida de calor sería
un proceso muy lento e inefectivo porque no conseguiríamos con ellos deshacernos
de la calor generada durante el ejercicio físico intenso. La pérdida
de calor, con la sudoración, se produce por la evaporación del sudor
que secreta las glándulas sudoríparas.
Los peligros de realizar un ejercicio físico
intenso cuando hace mucho calor: Todos
estos mecanismos que hemos estando intentando explicar no siempre son efectivos
cuando la temperatura tanto interna como externa es muy alta, es decir, cuando
los mamíferos realizan un gran esfuerzo físico cuando hace mucho
calor. Ello explica que en los momentos del día en los que el calor es
espantoso, la realización de un ejercicio muy intensos es una práctica
muy peligrosa. Cuando
tiritar es la única solución:
Los mamíferos disponen de un metabolismo
alto que les genera calor, de un buen pelaje y de grasa corporal que aguanta el
calor generado, de un aparato respiratorio complejo que permite un metabolismo
tan alto. Sin embargo, en algún momento concreto del día, puede
suceder que, a pesar de todos los mecanismos que tiene para mantener constante
su temperatura corporal, como buen homeotermo que es, se encuentre en un estado
de hipotermia, es decir, baje su temperatura corporal. Es entonces, cuando se
ponen en funcionamiento los músculos del cuerpo que se contraen y se relajan
alternativamente, lo que se conoce como tiritar. Tiritamos los mamíferos,
con el objetivo de producir calor, gracias al ejercicio físico que representa
tiritar. Es decir, gastamos una parte de la energía corporal con la producción
de calor generado por la actividad muscular. De aquí se entiende que este
mecanismo de termorregulación tiene el inconveniente de que supone un coste
energético importante. |