Alimentación de las rapaces noctunas
Los búhos y lechuzas tienen una dieta estríctamente carnívora, con un tamaño de presas proporcional al del ave. La variedad de presas es considerable, las hay pequeñas, como los insectos (polillas, escarabajos, grillos y saltamontes) y arañas entre otros invertebrados; más grandes, como roedores (ratones sobre todo); mucho más grandes, como aves de la talla del urogallo (Tetrao urogallus) e incluso hay rapaces nocturnas que se alimentan de peces. Este es el caso de ciertas rapaces nocturnas que viven en Asia y África del género Scotopelia, los
cárabos pescadores, y de los búhos pescadores (Ketupa sp.) que se alimentan de peces, además de animales invertebrados acuáticos y anfibios que capturan dentro del agua.
Excepto en algunas especies concretas como los búhos pescadores, las rapaces nocturnas no tienen grandes reparos en comer cualquier presa viva, salvo las limitaciones lógicas de tamaño.
En estas aves se puede ver las mismas modificaciones que tienen las rapaces diurnas que se alimentan de peces, como el águila pescadora (Pandion haliaetus). Todos estos pájaros tienen las garras modificadas para coger a sus resbaladizas presas, los peces, y evitar que se les escapen de las manos. Por un lado, los dedos de los búhos pescadores, así como sus curvadas uñas, son más largos que el resto de rapaces, pero además están revestidos por escamas que impiden más todavía la huida de cualquier pez.
Los búhos nivales se alimentan sobre todo de lemmings, unos roedores, parecidos a un ratoncito de tamaño pero sin cola, típicos de las zonas árticas allá donde viven estas aves.
Ocasionalmente, cuando las presas escasean, las rapaces nocturnas pueden comer carroña.
Las rapaces más pequeñas, como los mochuelo y los autillos, se alimentan de invertebrados (insectos y arañas), las aves de presa nocturnas de un tamaño superior a las anteriores, como los cárabos y las lechuzas, comen sobre todo roedores, mientras que las grandes rapaces nocturnas, como por ejemplo el búho real atacan a presas mucho mayores, incluso a garzas, zorros y águilas.
Las rapaces de pequeño tamaño que consumen presas pequeñas tragan el alimento entero mientras que aquellas especies mayores que se alimentan de presas de gran tamaño, antes de engullir el alimento con plumas, piel y huesos, lo desmenuzan con la ayuda del pico en pequeñas partes.
Las aves de presa nocturnas tragan la presa entera, incluidos pelo, plumas y huesos, pero solamente pueden digerir tejidos blandos (músculos, grasa, tejido conjuntivo) y los huesos, pelo y plumas son expulsados al exterior como egragópilas cuando el ave las regurgita voluntariamente pasadas unas 10 horas de su ingestión y una vez finalizado el proceso de digestión.
Esto no ocurre, por ejemplo en las serpientes, que son capaces de digerir la totalidad de la presa que ingieren entera, por lo que no es posible ver egagrópilas de serpientes. Sin embargo, entre las aves, muchas otras especies, ademas de búhos y lechuzas expulsan egagrópilas. Se pueden ver egagrópilas de rapaces diurnas e incluso de otras aves, como gaviotas, cormoranes, garzas, cuervos o cigüeñas.
No obstante, una diferencia importante entre las rapaces nocturnas y el resto de aves es que las primeras carecen de buche y molleja, por lo que el alimento permanece menos tiempo en el tracto digestivo de estos animales y la digestión del alimento es menos efectiva.
El estudio de las egagrópilas es muy útil para saber el tipo de presas que consume la rapaz. Ello se debe precisamente gracias a que los jugos gástricos de las rapaces no digieren los tejidos no blandos del animal (huesos, pelo y plumas), que tragan entero, y al hecho de que en el proceso de formación de las egagrópilas en el tracto digestivo del animal se conserva intacto sin romperse cualquier huesecillo por más pequeño que sea, por lo que es posible una buena reconstrucción posterior del esqueleto de la presa que ha consumido la rapaz.
Incluso las polillas sacan provecho de las egagrópilas que les sirven como comida al aprovechar la gran cantidad de plumas y pelo que contienen, pero también otros animales quizás menos conocidos, los derméstidos, le ven utilidad a las egagrópilas. Estos pequeños escarabajos de dieta carnívora, como el gorgojo de las alfombras (Anthrenus verbasci), encuentran en las egagrópilas una buena fuente de comida y en el caso de las larvas de estos insectos, un refugio excelente.
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Plumaje de las rapaces nocturnas |
El color del plumaje de las rapaces nocturnas puede ser blanco, pardo o de tonos amarillos, como en las lechuzas o completamente blanco como el búho nival. Hay rapaces de color gris ceniza, como el autillo o de color marrón y negro como el búho real.
Pero en realidad, las rapaces nocturnas no tienen un color específico sino que su plumaje está constituido por distintos colores, manchas y marcas variadas a lo largo del cuerpo. |

Foto de búho de Bengala
( Bubo bubo bengalensis )
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En este majestuoso búho se puede observar muy bien el color del plumaje típico de las rapaces nocturnas
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No obstante, es muy raro encontrar rapaces con vivos coloridos, a diferencia de los loros. Ello se debe a que estos animales son de vida nocturna (salvo algunas excepciones) y sería una lástima desaprovechar los vivos colores bajo la oscuridad de la noche.
En estas aves, por lo tanto, no existe la necesidad del colorido para atraer a la pareja, en su lugar los búhos y lechuzas utilizan el sentido del oido con sus incesantes y fuertes gritos durante la época de cría.
Por otra parte, un plumaje de tonos apagados y tristes es una gran ventaja de cara a evitar ser vistos por sus enemigos diurnos.
Aunque los depredadores de los búhos, como los gavilanes, atacan sobre todo a las crías, los adultos no se libran tampoco del acoso de los enemigos.
El plumaje de camuflaje les puede valer a las aves de presa nocturnas para evitar a algunos enemigos pero, paradójicamente, de poco le puede servir para esquivar los peligros de su enemigo principal, el hombre. Es decir, el tráfico de vehículos, los venenos y los cistales; trampas todas ellas que acaban con la vida de muchos de estos preciosos animales.
Las aves de presa nocturnas tienen unas finas plumas en la base del pico que tienen una función similar a la de los pelos sensitivos de los mamíferos (las vibrisas) y de hecho reciben el mismo nombre. Con estas plumas modificadas a modo de pelos, también llamadas bridas, los búhos y lechuzas manejan sus presas cuando las tienen en la boca y les permiten, por ejemplo, alimentar a sus crías. Las vibrisas de búhos y lechuzas tienen función sensorial para compensar la visión de cerca limitada de estos animales.
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