Revista de Plantas de Botanical-online

Alimentos ricos en hierro

Mejorar el suelo

Cómo mejorar el suelo según el tipo y técnicas

CÓMO SE REALIZA EL MEJORAMIENTO DEL TERRENO PARA CULTIVOS

¿Cómo mejorar el terreno?

planta de berenjena en un huerto
Foto planta de berenjena donde se aprecia la hoja y un fruto.

El suelo o tipo de terreno es esencial para el crecimiento de las plantas, ya que deberá permitir un buen enraizado de la planta, el buen drenaje del agua, y la obtención de todos los nutrientes que necesitará para desarrollarse.

Existen diferentes tipos de suelos: arcillosos, limoso, arenoso, margoso, gredoso, pantanoso, etc.

Es necesario conocer qué tipo de terreno disponemos para cultivar las plantas que más adecuadas sean. Un estudio de las características del suelo permitirá tener éxito y mayor producción de frutos de nuestro cultivo de verduras y hortalizas.

Características del suelo: El pH

El pH del suelo tiene relación con la proporción de nutrientes que contiene. Por ejemplo, los suelos muy calcáreos suelen tener un pH básico. El tipo de plantas que crecen en un terreno es indicativo muchas veces del tipo de suelo, por ejemplo, la lavanda crece en lugares rocosos y calcáreos.

Sabemos que el suelo debe tener el pH adecuado para que su desarrollo y producción sea el ideal. Cuando el suelo presenta un pH que esta fuera de la tolerancia de una planta determinada, este se debe corregir para conseguir que sea el adecuada a sus necesidades.

En ciertas ocasiones deberemos corregir tanto los suelos demasiado ácidos como los demasiado neutros. La corrección de la acidez del suelo es una manera de mejorar las condiciones del mismo.

Síntomas o características de los suelos ácidos

Existen ciertos indicios que pueden hacernos pensar que el suelo tiene un nivel demasiado elevado de acidez:

- Si comprobamos que las hojas poco a poco se van resecando, especialmente en los bordes o en las puntas

- Si vemos que el abono orgánico tarda demasiado tiempo en descomponerse

- Si notamos que los tréboles no nacen o que prosperan las orquídeas,

- Si el agua, después de la lluvia, se suele encharcar

Todo ello puede constituir síntomas de un suelo ácido.

lavanda
Foto planta de lavanda, prospera en suelos alcalinos o básicos

Es entonces cuando un análisis del suelo puede demostrar claramente que un suelo determinado es demasiado ácido. Para medirlo se pueden utilizar unas cintas reactivas que demuestran mediante diferentes colores el nivel de acidez del terreno. Sin embargo un análisis en el laboratorio, con un aparato especialmente diseñado para ello (pHmetro) es el que puede ofrecer con mayor seguridad unos resultados precisos.

La presencia de suelos ácidos es muy común en lugares donde se producen lluvias abundantes que originan el lavado del calcio y magnesio del suelo, que son sustituidos por otros más ácidos como el aluminio y el manganeso. Igualmente puede darse debido a la naturaleza del terreno.

Los suelos graníticos tienen una naturaleza más ácida que los formados a partir de rocas alcalinas, como el basalto. Otras veces es la incorporación de materiales de carácter ácido procedente de diferentes fuentes lo que eleva la acidez del terreno.

Por ejemplo, aquellos terrenos que han sido sometidos a cultivos de leguminosas suelen ser más ácidos debido a que este tipo de plantas consume mucho calcio.

Igualmente un suelo obtenido a partir de la roturación de bosques de coníferas será de naturaleza más ácida que si el suelo cultivable se ha obtenido donde había un bosque de árboles de hoja caduca.

¿Cómo corregir los suelos demasiado ácidos?

Para corregir los suelos demasiado ácidos deberemos añadir al suelo alguna substancia que sea alcalina. Entre las principales técnicas para mejorar un suelo ácido se encuentra la técnica del encalado. La forma más fácil es introducir cal viva, dejándola sobre la superficie. Posteriormente, cuando este deshecha se entierra a una profundidad de 15 o 20 cm manualmente con la hazada o con el uso del cultivador.

De todos los tipos de cal que pueden utilizarse la más segura es el carbonato calcio o cal común. El óxido de calcio es mucho más peligroso porque resulta abrasivo.

Otra posibilidad es utilizar piedra de naturaleza caliza, como dolomitas o piedras calizas, las cuales son desmenuzadas con una máquinas especiales y distribuidas sobre el suelo. Además de estos componentes podemos también utilizar otros como el sulfato cálcico.

Tratamientos con cal en el suelo

La aplicación de la cal se debe hacer en pequeñas cantidades, esperándose un par de años a que esta actúe, antes de hacer las nuevas mediciones oportunas para ver si la acidez se encuentra en los niveles adecuados.

El uso de cal se debe realizar con mucha moderación. Grandes cantidades de cal pueden modificar las condiciones del suelo haciendo que algunos minerales no se disuelvan o que los organismos del suelo se vean alterados, lo cual no sería beneficioso.

Se ha comprobado que un encalado demasiado elevado que origina un aumento del pH por encima del 6,5 ha producido como consecuencia una falta de manganeso.

Los suelos arcillosos o con alto contenido en materia orgánica requerirán más cal que los suelos arenosos.

Al manipular la cal debemos tener en cuenta de que el día no sea ventoso y debemos proteger los ojos con gafas protectoras. Después de distribuir la cal común, es mejor dejar un periodo de reposo de 90 días. En caso de utilizar piedra deshecha es mejor esperarse unos 6 meses. No debe encalarse al mismo tiempo que se aplica estiércol o abono nitrogenado, porque la cal, en contacto con ellos, produce el desprendimiento de amoniaco.

Hay que tener en cuenta que el uso del encalado propicia la mayor absorción del humus y genera una producción mayor en en principio, pero exige un aporte adicional de materia orgánica para no agotar el suelo.

¿Cómo corregir los suelos con un pH demasiado elevado?

Los suelos con un pH elevado pueden ser de tres tipos:

- Suelos calcáreos: Son aquellos muy ricos en carbonato cálcico, con un pH entre 7,3 y 8, 5. Estos suelos ocasionan problemas a algunos cultivos por la baja disponibilidad de los nutrientes, sobre todo en lo que se refiere a minerales como el hierro, manganeso, zinc o cobre o un incremento de elementos tóxicos como el molibdeno. Uno de los síntomas más claros de este tipo de suelos es la clorosis férrica, una enfermedad de las plantas causada por la deficiencia en este mineral y que se caracteriza por el amarillamiento de las hojas y la menor producción de la planta.

La hortensia es una planta que suele ser muy sensible a estos tipos de suelos y la clorosis férrica es una de las enfermedades más habituales en esta planta. Niveles de acidez elevados en el caso de la hortensia producen flores de color azul y, por lo tanto, poca probabilidad de clorosis.

Hay ciertas plantas, como el orégano o el tomillo, que prefieren este tipo de suelos. La presencia de este tipo de plantas puede indicar que no resulta adecuado el suelo para plantar otras especies que prefieren suelos más ácidos.

Para solucionar estos problemas se puede recurrir a la incorporación del terreno de materiales ácidos como el quelato de hierro, el sulfato de hierro, sulfato de aluminio el azufre. Se pueden utilizar otros elementos ácidos como estiércol, turba, hojas de pino,etc.

- Suelos con un nivel demasiado elevado de sodio: Los suelos con una concentración demasiada elevada de sodio suelen presentar un pH por encima de 8. Este tipo de suelos hace que el agua quede retenida al poseer una porosidad reducida. Para solucionar este problema se utiliza el yeso o sulfato cálcico, combinado con un regado adecuado que posibilite la limpieza del sodio acumulado en las raíces.

- Suelos con un nivel demasiado elevado de sales: Estos suelos originan problemas a las plantas porque imposibilitan la absorción de agua, lo que, en la práctica, origina problemas de sequedad. La solución para este problema consiste en la eliminación del exceso de sales mediante el regado abundante con agua adecuada.

Controlar el agua de riego

Debemos tener en cuenta que el agua de riego tenga niveles bajos de carbonatos (carbonato cálcico) y bicarbonatos (bicarbonato sódico, bicarbonato cálcico y bicarbonato de magnesio) que son los principales responsables del aumento de la alcalinidad del suelo. Estos minerales son los que determinan la dureza de las aguas. La mayoría del agua de riego, procedente del subsuelo, contiene niveles demasiado elevados de calcio por lo que, su uso continuado, alcaliniza los suelos y disminuye su calidad.

Una manera de reducir la alcalinidad del agua es añadir ácidos a la misma (ácido sulfúrico, nítrico o fosfórico). El agua mineral suele tener un nivel muy elevado de bicarbonatos por lo que no es demasiado adecuada para regar habitualmente las plantas. La mejor agua es la de la lluvia, siempre y cuando se haya recogido en un sitio donde el cielo esta limpio de contaminación, aún así existe el riesgo de que las nubes procedan de lugares contaminados.

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